Santiago Manuin Valera: El BIKUT AWAJÚN

Por Róger Rumrrill.

El Perú es una nación multilingüe, multicultural y multiétnica con un estado neocolonial donde los pueblos indígenas andino-amazónicos están invisibilizados y víctimas ahora de la pandemia del coronavirus y de una cuarentena histórica por parte de  ese estado insomne que los ha puesto al borde de una catástrofe humanitaria.

Por eso resulta sorprendente que la muerte por el coronavirus, el primer día de este mes, del Apu Awajún Santiago Manuin Valera, esté generando expresiones de solidaridad, reconocimiento y la atención de los medios de comunicación y, por su puesto, congoja y tristeza entre los pueblos indígenas amazónicos. Héctor Requejo, Alcalde  de la provincia de Santa María de Nieva, Región Amazonas, donde nació el Apu Santiago Manuin en 1957, hace 63 años, en la quebrada de Dominguza, un pequeño afluente del río Marañón, ha decretado dos días de duelo.

Santiago Manuin Valera, el Bikut Awajún

Pero quienes conocimos de cerca a Santiago Manuin Valera, seguramente miles de peruanos y mucha gente del exterior sabemos que en su intensa y fructífera vida hizo los méritos suficientes para recibir múltiples premios nacionales e internacionales, detentar cargos y funciones de gran responsabilidad social y política y para merecer la valoración y respeto de su pueblo que lo eligió Apu y también Bikut, un maestro,  un guía espiritual y sabio, entre las jerarquías y deidades de las cosmologías y cosmovisiones de los Jíbaro-Jíbaro.

Uno de los capítulos y acontecimientos más recordados y también más dramáticos de la vida del Bikut Santiago Manuin Valera fue el “Baguazo”, la tragedia de la “Curva del diablo”, ocurrida el 5 de junio del año 2009 que, tal como él mismo recordaba, costó la vida a 36 personas, produjo 100 heridos y 200 personas en su mayoría indígenas que fueron detenidos y encarcelados y hasta condenados a cadena perpetua acusados de la tragedia, mientras que  los responsables políticos, Alan García Pérez, Mercedes Cabanillas, Mercedes Aráoz y el ejecutor de la operación, el general Luis Elías Muguruza, jamás fueron ni siquiera citados por  el Poder Judicial. El estado neocolonial peruano, jamás perdonó a los indígenas su atrevimiento de poner en cuestión sus órdenes, sus políticas y sus intereses.

Porque como bien conoce la opinión pública nacional e internacional el origen y la causa de las grandes movilizaciones indígenas era la demanda de derogatoria de un paquete de decretos legislativos en su mayoría inconstitucionales promulgados por el Ejecutivo para la implementación del Tratado de Libre Comercio (TLC) o Acuerdo Comercial con Estados Unidos, firmado en marzo de 2003, ratificado por el Congreso del Perú en junio del 2006 y por Washington en diciembre de 2007. Una decena de estos decretos legislativos atentaban contra las tierras y territorios indígenas.

Las protestas, marchas y demandas indígenas, que habían empezado en abril del 2009, en un proceso de acumulación de fuerzas, pusieron en cuestión  el modelo neoliberal extractivista blindado con el acuerdo asimétrico y con la Constitución fujimorista de de 1993 y enfrentó, desde posiciones democráticas, pacíficas y legítimas, las políticas del “perro del hortelano” y el proceso de transnacionalización de la Amazonía Peruana en el que estaba empeñado el gobierno de Alan García.

Pero además, el “Baguazo”, donde Santiago Manuin tuvo un protagonismo y liderazgo estratégico de guía y pacificador que casi le cuesta la vida (recibió 8 balas de metralleta en el cuerpo), fue y sigue siendo una de las más poderosas inflexiones en la política peruana en la primera década del siglo XXI. Porque visibilizó a los pueblos indígenas amazónicos históricamente invisibilizados y excluidos política, social y culturalmente en el Perú.

La lucha hizo de los pueblos indígenas amazónicos actores sociales protagónicos en un  período en que, en especial en la región de la Amazonía, los partidos políticos apenas sobrevivían en una crisis terminal.

El Pachacuty y el Ipámamu andino-amazónico

En decenas de entrevistas en la prensa, en sus discursos de recepción de los premios “Reina Sofía” (1994) y de Derechos Humanos (2014), por su defensa de la Amazonía y los derechos de los pueblos indígenas, en sus funciones como presidente del Consejo Aguaruna-Huambisa (CAH) y otros cargos, el Bikut Santiago Manuin Valera  revela  una visión lúcida y estratégica del  presente y el futuro de los pueblos indígenas.

A diferencia de la mayoría los líderes políticos tradicionales no indígenas que han convertido a los partidos políticos en clubes electorales y que tiene como producto y resultado  la débil democracia peruana, ahora castigada por tres pandemias, el corona virus, la pobreza y la corrupción, el Bikut Manuin propone y plantea la formación, capacitación, unidad y organización del pueblo Awajún y de todos los pueblos indígenas; coloca como una prioridad tan importante como la formación, la seguridad jurídica y social de la tierra y territorio que, en el Perú y en América Latina, es un objetivo estratégico porque sin tierra y territorio no hay pueblos indígenas, ni identidades, ni cultura, ni lengua, ni interculturalidades, remarca con firmeza.

Frente a un estado ausente y capturado por los poderes fácticos que no atiende las demandas y necesidades vitales de los pueblos indígenas (con una población de 10 millones que las encuestas reducen a la mitad en un proceso de invisibilización por razones políticas y económicas), el líder Awajún coloca en la agenda indígena la necesidad urgente de construir gobiernos territoriales autónomos, como el Gobierno Territorial Autónomo Wampís y otros en proceso de formación, teniendo como base jurídica el Convenio 169 y la propia Constitución de 1993.

Todo este proceso de construcción social, económica, cultural y política debe llevar a los pueblos indígenas a un Ipámamu, es decir, a una transformación para lograr y alcanzar el Tajimat Pujut (el Buen Vivir) y a los pueblos indígenas andinos a un Pachacuty, a un cambio de vida.

En la familia etnolingüística Jíbaro-Jíbaro, formada por los Awajún, Wampís, Achual, Achuar, Candoshi, los dioses juegan un rol primordial en el destino humano: entre ellos el Pamuk, la más alta autoridad; el Ajutap, el héroe mítico y visionario; el Waymaku, el dios de las decisiones estratégicas y, por supuesto, Bikut, el maestro, el pacificador, y la diosa de la cultura, Nugkui.

El Bikut Santiago Manuin Valera,que era muy espiritual, tenía un  profundo respeto a estos seres míticos y creía en la interreligiosidad entre las creencias cristianas y la cultura ancestral con el uso de las plantas maestras de la cultura Awajún, el toé, el tabaco y el ayahuasca.

En el contexto de la crisis sistémica y el colapso civilizatorio ocasionado por el coronavirus, las visiones, las prácticas, los ejemplos y las enseñanzas de Santiago Manuin Valera, el Bikut Awajún, contribuirán a las construcción y creación de nuevas utopías y paradigmas entre los pueblos indígenas andino-amazónicos y todo el pueblo peruano, desde una economía eco-comunitaria y una visión y concepción cosmocéntrica y espiritual con la Madre Naturaleza, a contracorriente del capitalismo, el colonialismo y el patriarcalismo eurocéntrico.

04/07/2020


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